Aún no saben lo que es dormir en una cuna y su rostro está ya colgado en internet. Las redes sociales están plagadas de imágenes de niños que no han publicado sus protagonistas. Cada foto o vídeo subido a internet deja un rastro de ellos en el mundo digital que permanecerá hasta que sean mayores. El pasado 5 de julio de 2019 aparecía un artículo en El País “No suba esa foto de su hijo, reflexionando a cerca de estas cuestiones. ¿Tienen derecho los padres a colgar imágenes de sus hijos? ¿Hasta qué punto padres y madres pueden hablar en nombre de sus hijos? ¿Qué pensarán las niñas y niños cuando tomen conciencia de la existencia de su “vida digital”?

Los anglosajones han denominado a este fenómeno sharenting, la suma de share (compartir) y parenting (crianza). Es la práctica de padres y madres en la que exponen públicamente la vida de sus hijos e hijas en la red (cumpleaños, actividades, vacaciones, etc.) Aunque en principio es una costumbre socialmente aceptada y que pudiera parecer inofensiva, debemos ser conscientes de las consecuencias que puede tener para la vida de las niñas y los niños.

Save the Children en su informe “Análisis de la violencia contra la infancia y la adolescencia en el entorno digital” nos alerta sobre los posibles riesgos de esta práctica, cada vez más frecuente.

  1. En España, la privacidad se protege a través de los llamados derechos al honor, intimidad personal y familiar y propia de la imagen que se reconocen en el artículo 18.1 de la Constitución como derechos fundamentales de todas las personas (incluidos los niños). Por tanto, podría considerarse una intromisión a este derecho las acciones realizadas por padres, madres, tutores y tutoras legales etc.
  2. Podemos dejar expuestos a los niños y niñas ante ciberdelincuentes que puedan hacer uso del material que se cuelga en las redes sociales. No podemos controlar quién visualiza los contenidos que se publican, por lo que los adultos estamos asumiendo una conducta de riesgo que les afecta directamente, y que les puede exponer a otras formas de violencia como ciberacoso u online grooming.
  3. Por último, está sobreexposición de la infancia puede influir directamente en su identidad propia, ya que viene marcada por un recorrido digital que ha comenzado antes, incluso, de tener uso de razón.