Dentro del Proyecto Te Pongo un Reto #RedesConCorazón se ha priorizado por incorporar una perspectiva de género ya que consideramos que las agresiones que sufren las personas adolescentes están muchas veces provocadas por los estereotipos de género y fundamentadas en la desigualdad entre hombres y mujeres.

En primer lugar, habría que hacer referencia a la posible construcción de estereotipos de género a través del contenido compartido y disponible en Internet, y en las redes sociales.  Los adolescentes y preadolescentes tienen más necesidad de reconocimiento por parte del grupo y esto va a incidir en que se perpetúen dichos estereotipos. El grupo refuerza a quienes más se acerquen estos cánones y segrega a quiénes no responden a los mismos. “Marica”, “gorda”, “guarra”, “machorro”. Las cuestiones clásicas de masculinidad y feminidad son una cuestión clave en la violencia que se vive en las aulas. Las mujeres que no encajan en el estereotipo de belleza femenina, de supuesto atractivo sexual, sin popularidad, tienen un mayor riesgo de sufrir acoso.  Además, para cumplir con estos estereotipos y responder a los cánones de belleza, se preocupan mucho por su aspecto físico y son especialmente vulnerables a sufrir algún tipo de trastorno de la alimentación, ansiedad, estrés… En el caso de los chicos, cuanto más alejada está su imagen del estereotipo machista de “hombre fuerte, triunfador, heterosexual…” más probabilidades tendrá de sufrir acoso. Esos cánones de belleza también son a menudo reflejados en las personas influencers que siguen e imitan los jóvenes en las redes sociales.

También existen diferencias entre la forma en que ejercen la violencia. Según algunos informes, ellas ejercen un acoso más psicológico (hacer vacío, rumores…etc.) mientras que los varones tienden a encabezar una violencia más física, con agresiones e insultos. Así lo refleja el análisis por género que realiza la Fundación ANAR en el I Estudio sobre ciberbullying según los afectados:

MUJERES VARONES
Sufren más ciberbullying (31,9%) y más frecuentemente a través del teléfono móvil (94,6%).
Las víctimas femeninas tienen más edad que los varones (12,6 años
de media frente a 11,5).
La edad en que comienzan a sufrir el acoso es más elevada: 11,5 años de media frente a 10,5 de los varones.
Los acosadores recurren más al aislamiento (23,3%) y las amenazas (21,1%) y menos a los actos físicos fuertes (30,1% frente al 49,6% en varones).
Las mujeres suelen recibir el acoso más que los varones en el aula (59,7%) y fuera del colegio(23,2%), en este último caso debido a que están más sometidas a ciberbullying.
Se enfrentan en menor medida a los acosadores(16,8% frente al 31,4% de los varones).
En caso de cambio de colegio, vuelven a sufrir acoso en menor medida que los varones (57,1%frente a 88,2%), también en este apartado debido a la incidencia del ciberbullying.
Reciben tratamiento psicológico menos mujeres que varones (17,8% frente al 27,3%).
En cuanto a las consecuencias del bullying, las mujeres sufren más ansiedad (72,6%) y tristeza (68,7%).
Sufren menos ciberbullying (15,0%), pero con más frecuencia a través de ordenadores y tabletas (28,6%).

Son más jóvenes que las víctimas femeninas (11,5 años de media).

Recurren más a actos físicos fuertes como patadas y golpes (49,6%).

Suelen recibir el acoso durante el recreo (37,4%).

Se enfrentan más a los acosadores (31,4%) y si cambian de colegio también vuelven a soportar el acoso más que las mujeres (88,2%).

El tratamiento psicológico es más habitual (27,3%).

Presentan más problemas de habilidades sociales (18,5%) y diferencias con los profesores (10,8%).

Fuente: Fundación ANAR (2016)

Por otro lado, hay un punto donde se cruza el acoso escolar y el ciberacoso y la violencia de género. Una de las formas más conocidas es la distribución pública de imágenes de contenido sexual o erótico, a partir de prácticas como el sexting (Ringrose, Gill, Livinstone & Harvey, 2012), con consecuencias especialmente dañinas para las mujeres. El formador Juan García Álvarez de Toledo advierte del sesgo de género producido por estas prácticas: el doble rasero provoca que los chicos sean admirados por recibir estos contenidos mientras que las chicas que son animadas, y en ocasiones presionadas para enviar dichos contenidos, luego son tildadas de estúpidas por hacerlo.

Por último, el ciberacoso LGBTIQ-fóbico se ha constituido como una nueva forma específica de odio e intolerancia en Internet al que se ven especialmente expuestos los adolescentes. Según la organización COGAM, el 15% del alumnado LGBTIQ padece ciberacoso en base a su orientación afectivo-sexual. Este porcentaje es tres veces superior al indicado para la población general (5,8%) (Save the Children, 2016). Esto supone una elevada tasa de ciberacoso LGBTIQ-fóbico hacia los estudiantes LGBTIQ , que sugiere la existencia de un gravísimo problema de LGBTIQ-fobia en la Comunidad Educativa.

Por tanto, es clave considerar la perspectiva de género y las diferentes formas de violencia asociada a las diversidades sexuales en el trabajo preventivo de los riesgos en los contextos online, de forma que se favorezca una socialización preventiva en las diversas violencias de género (Martín Casabona & Tellado, 2012).