Autora: Elena Vinuesa.

En las últimas décadas, las Redes Sociales han transformado profundamente el modo de interactuar entre las personas. Este cambio ha sido mayor entre los y las adolescentes, que son quienes más usan las Redes Sociales y son más vulnerables en los entornos digitales. La incorporación de algoritmos de Inteligencia Artificial (IA) ha aumentado esta transformación, ya que las plataformas no solo muestran contenido, sino que lo personalizan, priorizan y moldean según nuestras preferencias y patrones de conducta. 

Los algoritmos analizan nuestro comportamiento, los “me gusta”, los comentarios, las interacciones y el tiempo que permanecemos en una publicación para clasificar y seleccionar el contenido que nos muestran. No es casualidad que, si nos hemos apuntado al gimnasio o nos encantan los videos de perritos, al abrir una aplicación aparezca cada vez más contenido de ese tipo. 

El algoritmo se “educa” y aprende a partir de nuestros gustos y hábitos, construyendo un mundo digital hecho a nuestra medida con el objetivo de mantenernos el mayor tiempo posible ante la pantalla y consumiendo sin pensar demasiado. El propósito de las grandes empresas dueñas de estas plataformas no es que aprendamos o nos sintamos realizados, sino maximizar su beneficio económico.

La adolescencia es la etapa clave para la construcción del autoconcepto e identidad personal. Se caracteriza por una constante búsqueda de pertenencia y validación social, y las redes sociales son uno de los principales espacios que nos ofrece todo esto. La hiperpersonalización del contenido en las Redes Sociales facilita la creación de burbujas informativas, en las que los y las adolescentes reciben información acorde a sus preferencias previas. Esto limita la diversidad de opiniones y refuerza estereotipos de belleza, éxito y aceptación social, influyendo directamente en el desarrollo de la identidad. La exposición repetida a ideales físicos y estilos de vida inalcanzables aumenta la insatisfacción corporal y distorsiona nuestra percepción de la realidad, especialmente cuando existe una brecha entre nuestra identidad real y la que mostramos en redes.

Además, los algoritmos de IA, al igual que las Redes Sociales, no son neutrales. Reproducen sesgos sociales, racistas y de género presentes en la sociedad, y por tanto en los datos con los que han sido entrenados. La invisibilización o sobrerrepresentación de ciertos colectivos puede generar crisis de pertenencia o que interioricemos estereotipos, generando sentimientos de inferioridad y comparación social constante

¿Significa esto que deberíamos eliminar las Redes Sociales? Aunque los riesgos son evidentes, la relación entre Redes Sociales, IA y autoestima no es unidimensional. Diversos estudios indican que, en las edades adecuadas para ello, un uso consciente, moderado y estratégico de estas plataformas puede favorecer la autoexpresión, la exploración de intereses y la conexión con comunidades de apoyo. En este proceso, resultan fundamentales factores como la alfabetización digital, el acompañamiento familiar y el tipo de contenido que consumimos. Si utilizamos las Redes Sociales de forma crítica y consciente, podemos fortalecer nuestras habilidades comunicativas y darnos soporte emocional, especialmente a los y las adolescentes que  quizás no encuentran espacios de validación en su entorno cercano. 

¿Cómo podemos entonces controlar (un poco) el algoritmo de las Redes Sociales? Podemos influir en el algoritmo a través de nuestras acciones cotidianas: lo que damos me gusta, el contenido que señalamos como “no me interesa”, las cuentas que seguimos o dejamos de seguir y el tiempo que pasamos en cada publicación. Estas decisiones envían señales constantes al algoritmo y pueden ayudarnos a modificar el contenido que nos llega. 

En conclusión, detrás de las plataformas se encuentra una estructura de algoritmos e inteligencia artificial muy grande y bien pensada, sujeta a los intereses económicos de las empresas dueñas de las  aplicaciones  y Redes Sociales, que influye más de lo que creemos en lo que vemos, consumimos y en cómo nos percibimos a nosotros mismos. Aunque no podemos controlar completamente todo esto, sí podemos aprender a usarlas de forma más consciente y crítica. Entender cómo funcionan es un primer paso para reducir su impacto, protegernos y construir una identidad más auténtica y saludable en el entorno digital.

Bibliografía:

Vaquero Arribas, R. (2024). Redes Sociales, algoritmos y adicciones. Historia De Las Ideas, (1), 7–11. Recuperado a partir de https://historiadelasideas.es/revista/article/view/8.

Cuando los algoritmos son editores: Cómo las redes sociales, la IA y la desinformación alteran el consumo de noticias1 Comunicación y Medios N°49 (2024) Sebastián Valenzuela Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile savalenz@uc.cl https://orcid.org/0000-0001-5991-7364.

Mejillones Picazo, R. N. . (2024). Impacto del Uso de redes sociales con inteligencia artificial en la autoestima y la identidad de adolescentes. Innovarium International Journal, 2(2), 1-13. https://revinde.org/index.php/innovarium/article/view/21.


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