Las pantallas forman parte del entorno cotidiano en el que crecen niños y niñas desde edades cada vez más tempranas. Teléfonos móviles, tabletas, televisores inteligentes o asistentes digitales están presentes en los hogares y, en muchos casos, se introducen antes incluso de que hayan desarrollado plenamente el lenguaje o la capacidad de autorregulación.

La familia constituye el primer y más influyente contexto de socialización en la primera infancia. No solo porque establece normas, sino porque modela comportamientos. Las prácticas digitales de madres y padres —mirar el móvil durante la comida, responder notificaciones constantemente o utilizar la pantalla como recurso calmante— transmiten mensajes implícitos sobre qué lugar ocupa la tecnología en la vida cotidiana. Educar en el uso saludable de las pantallas empieza mucho antes de que el niño o la niña tenga su propio dispositivo: comienza en la coherencia adulta y en la creación de rutinas familiares equilibradas.

Por eso, en el marco de nuestra Escuela de Familias, hemos elaborado este manual. Queremos ayudarte a prevenir un acceso temprano a las pantallas y un abuso de dispositivos durante la primera infancia. Hemos recopilado en este post lo más relevante del manual y, también podrás descargar el manual completo.

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Por qué evitar un acceso temprano y limitar el uso de pantallas en la primera infancia 

Durante los primeros años de vida el cerebro se encuentra en una etapa de máxima plasticidad. El desarrollo del lenguaje, la atención, la regulación emocional, la empatía y las habilidades sociales se construyen a través de la experiencia directa, el juego libre y la interacción con figuras de apego. Cuando las pantallas ocupan el espacio que debería ocupar el desarrollo natural del niño o la niña pueden interferir en procesos clave de forma negativa.

Puede dificultar el desarrollo cerebral. La exposición temprana a cualquier tipo de pantalla, puede acelerar el crecimiento no natural del cerebro, así como facilitar déficit de atención, retrasos cognitivos, problemas de aprendizaje, aumento de la impulsividad y de la falta de autocontrol. Aunque creamos que muchos dibujos son educativos, algunos estudios aseguran que antes de los 3 años el cerebro no está aún preparado para sacarle provecho.

Pueden perder el interés por el lenguaje. Si la criatura no interactúa con su entorno porque su atención está atrapada por una pantalla, es posible que no escuche voces, no vea a las personas que lo rodean, ni reciba respuestas a sus expresiones, gestos y sonidos que emite. Esto conlleva a un menor contexto para el desarrollo de vocabulario y más dificultad a la hora de comprender el contexto en el que se producen frases.

Puede facilitar alteraciones del sueño infantil. El uso de dispositivos móviles por la noche puede generar dificultades para preparar un correcto descanso y conciliar el sueño. Exponerse a la luz de las pantallas antes de dormir es perjudicial por partida doble: dificulta la liberación de melatonina, la hormona que favorece el sueño, y además hace que el cerebro esté en estado de alerta impidiendo el descanso.

Puede favorecer conductas agresivas. Por un lado, asociadas al no cumplimiento de normas y una incorrecta resolución de conflictos y, por otro lado, por la exposición a posibles contenidos violentos y agresivos.

Puede adelantar el uso problemático y sentar precedentes para posibles conductas adictivas. Previo a las conductas adictivas se tienen que dar situaciones de uso intensivo y abusivo, que vayan generando situaciones de falta de control y dependencia.

El coste de oportunidad de no llevar a cabo otras actividades necesarias para el correcto desarrollo evolutivo. Mientras que un niño o una niña mira una pantalla no está haciendo otras actividades que podrían ser relevantes para el correcto desarrollo en edades tempranas. Ver la televisión, jugar con el móvil o una Tablet podría restar tiempo de calidad para jugar en familia, interaccionar con padres y madres, salir de paseo y realizar ejercicio físico…

Anticipa problemas de visión. Pasar mucho tiempo delante de una pantalla puede favorecer la aparición de enfermedades oculares como la miopía. Durante los primeros años de vida las capacidades visuales no están plenamente desarrolladas y no es posible enfocar objetos de forma correcta, por lo que una exposición prolongada a pantallas podría influir negativamente durante este desarrollo de la visión. Por otro lado, el abuso de pantallas produce fatiga ocular.

Sobreestimulación. La exposición excesiva a los estímulos que ofrecen las pantallas producen una fuerte reacción sensorial. Con la sobreestimulación baja la sensibilidad, sube el umbral de sentir y necesitamos cada vez más estímulos.

Factores que deben acompañar la respuesta a las necesidades básicas 

¡No te alarmes! Estás en el mejor momento para evitar todos estos problemas. Prevenir y educar desde el principio es más sencillo y eficaz que corregir más adelante. Aunque estamos creciendo y socializando en un nuevo contexto mediado por la tecnología, los factores que deben acompañar la respuesta a las necesidades básicas de la infancia no han cambiado.

  • El tiempo. Las pantallas no deberían sustituir el tiempo (a veces escaso) que podemos pasar con nuestros hijos e hijas. Pasar tiempo de calidad fortalece el vínculo afectivo, eleva su autoestima y seguridad, y mejora la comunicación familiar. Además, fomenta el desarrollo cognitivo y habilidades sociales, reduce el estrés, promueve hábitos saludables y crea recuerdos que impulsan su estabilidad emocional futura.
  • La voz. El desarrollo del lenguaje en la infancia depende del intercambio humano cuando les hablamos, les cantamos, contamos cuentos, respondemos a sus interacciones… Esta interacción humana también potencia el vínculo afectivo. Sin embargo, cuando usamos pantallas apenas hablamos y los dispositivos no responden a las preguntas de un niño o niña ni adapta su lenguaje a lo que necesita escuchar.
  • El tacto. Acariciar, abrazar, masajear… Los niños y las niñas necesitan afecto, cercanía física y contacto para sentirse seguros y desarrollar el vínculo afectivo con sus progenitores. Cuando median las pantallas puede haber menos interacción física.
  • La mirada. Al mirar a la cara a nuestros hijos e hijas se produce una conexión. La mirada también ayuda a construir el vínculo afectivo, la confianza y la seguridad. Sin embargo, al fijar nuestra vista en una pantalla estamos desviando la mirada a un dispositivo y renunciando a esa conexión.

Etapas en el desarrollo y relación con las pantallas en la primera infancia 

  • 0-3 años. Parece haber un gran consenso científico y profesional entorno a esta etapa al asegurar que no debemos exponerlos a pantallas antes de los 3 años (aunque la Asociación Española de Pediatría ha elevado recientemente su recomendación de 0 tiempo de pantallas hasta los 6 años). Y esto incluye móvil, Tablet, TV… Esta es la etapa de más plasticidad neuronal y, por tanto, la estimulación que reciban desde el nacimiento hasta los 3 años determinará el tipo de conexiones nerviosas que se formarán en su cerebro. Abusar del tiempo de exposición en edades tempranas podría parecer normal e inocuo en el presente, pero muchas consecuencias derivadas de un abuso de exposición se manifestarán en etapas posteriores, dificultando su corrección. Antes de los dos años se necesita sobre todo estar activo a nivel físico y descubrir el mundo con el gusto, el tacto, el olfato… En esta etapa, controlar el uso de dispositivos antes de los 2 años depende enteramente de los responsables familiares. No hay que olvidar que en esas edades tan tempranas somos los propios adultos quienes le ponemos un móvil o una tablet en sus manos.
  • 3-6 años. Los 6 primeros años de la vida vienen marcados por un rápido desarrollo neurológico. El aprendizaje marca gran parte de su desarrollo y lo adquieren a través de los sentidos, la imitación y la repetición de actitudes, comportamientos y lenguaje. La OMS recomienda que a estas edades no se debe superar la hora diaria de tiempo de pantallas (y siempre con supervisión adulta). Debemos priorizar por satisfacer sus demandas y necesidades con otras actividades y recursos alternativos a las pantallas. Tendremos que normativizar el uso de los dispositivos, los tiempos de conexión, los contenidos y siempre acompañando y supervisando el uso del dispositivo. También podremos buscar y facilitar juegos educativos, de estimulación, de actividades en familia… Es también momento de mejorar la comunicación y confianza en este ámbito hablando sobre los contenidos que se visualizan. Así mismo, como la infancia adquiere gran parte de sus hábitos y actitudes por imitación, tendremos que ser un buen referente en el uso de nuestros dispositivos.
  • 6-8 años. Principalmente, siguen jugando con apps y viendo vídeos desde los dispositivos familiares, pero ya con temáticas en relación con sus gustos, intereses o aficiones (música, baile, juegos…). Además, empiezan a comunicarse con el mundo exterior a través de mensajes con sus amistades y compañeros/as del colegio, o videollamadas con la familia. También utilizan buscadores y portales web, por propia inquietud o por trabajos del colegio. Aquí deberemos empezar a hablar sobre temas como la privacidad, la intimidad, el respeto a los demás, la paciencia, la empatía… Se trata de seguir acompañando y supervisando, al tiempo que les vamos implicando en el establecimiento de normas y límites, así como hablarles de riesgos como el ciberacoso, el acceso a contenido inadecuado (como violencia online, pornografía, noticas falsas…), los problemas de privacidad… Seguirá siendo importante ser un referente positivo en el uso de dispositivos, y hablar habitualmente sobre tecnología. Es importante que el nivel de autonomía en el uso de dispositivos venga precedido por el nivel de responsabilidad demostrado, y nunca al revés.

El papel de las familias para un acompañamiento seguro y responsable de pantallas

Limitar el acceso. Ya hemos comentado que, a estas edades, minimizar lo más posible la exposición a pantallas debería ser nuestra prioridad. Así que no deberemos utilizar el móvil como primera opción de distracción. Podemos llenar el bolso/mochila de “cacharos”: juguetes, cuentos, pinturas, pizarras magnéticas, plastilina, peluches, muñecos, coches puzles o rompecabezas… Los juguetes y objetos que más llaman la atención en este periodo suelen ser: pelotas, objetos de distintos colores, cosas que hagan ruido, cubitos que puedan llenarse de arena, bolos, juguetes de encajar, objetos de diferentes tamaños y materiales…

Ser buenos modelos y ejemplos de comportamiento para no abusar de su uso delante de nuestras hijos e hijos. De esta forma no nos verán usándolo y no sentirán la necesidad de imitarnos y de demandarlo.

Supervisión. Puedes poner el foco en 5 grandes ámbitos, atendiendo al tiempo de uso (cuánto y cuándo), los contenidos que se visualizan, los dispositivos y lugares desde los que se accede, la privacidad personal y las relaciones mediadas por la tecnología.

Normas y límites. Los ámbitos antes mencionados son también áreas en las que podrás normativizar el uso de dispositivos y pantallas. Podrás implicar al propio menor en el acuerdo de normas para aumentar su implicación en función de su edad y madurez. Un buen recurso puede ser la elaboración de un contrato. En el siguiente post te hablamos más en profundidad de cómo establecer normas y límites y te facilitamos algunos modelos de contratos: Cómo establecer normas y elaborar un contrato familiar en el uso de las pantallas.

Planifica una rutina diaria en la que el uso de pantallas sea limitado. En la infancia los hábitos digitales influyen directamente en el descanso, la atención, la regulación emocional y las relaciones familiares. Una rutina diaria estructurada ayuda a prevenir el abuso de dispositivos y reduce conflictos en casa. Además, establecer una rutina no solo es útil para niños y niñas, también sirve a las familias como marco normativo y a los propios adultos como modelo de conducta. Te proponemos esta rutina “détox” diaria para prevenir o desintoxicarse del abuso de dispositivos y pantallas.

Fomentar y planificar actividades físicas. Según el consejo de algunos expertos, entre 1 y 2 años, la actividad física debería ocupar al menos 3 horas al día y adoptar distintas formas evitando toda exposición a las pantallas. Entre 3 y 4 años se siguen aconsejando al menos 180 minutos de actividad física variada, en los que al menos 60 minutos de debe consistir en ejercicio de cierta intensidad, mientras que el tiempo consagrado a las pantallas no debe ir más allá de una hora.

Planifica actividades en familia. Jugar, leer cuentos o contar historias, pintar, salir a dar una vuelta o al parque, visitar a la familia, hacer una excursión, que nos acompañen a la compra, compartir tareas de la casa… Esto ayuda a mejorar la comunicación y la confianza y refuerza el vínculo familiar.

Coordinación con el centro educativo y otras familias. Puedes promover en el colegio o el AMPA sesiones de formación, llegar a acuerdos comunes entre varias familias… Y también hablar con los abuelos y las abuelas sobre pautas comunes en el uso de pantallas cuando les estén cuidando.

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Adrian Aguayo Llanos

Trabajador Social. Máster en Educación y Comunicación en la Red. Responsable de comunicación y formador en la Fundación Gestión y Participación Social. Formador y asesor en la Asociación Pedernal Educación y Tecnología. Miembro de los Movimientos de Renovación Pedagógica.
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