En el presente año 2021, UNICEF, en colaboración con la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo General de Colegios de Ingeniería en Informática, consciente de su relevancia tras la pandemia por el COVID-19, ha publicado un informe sobre el uso de la tecnología por parte de los y las adolescentes españoles/as al que ha titulado “Impacto de la tecnología en la adolescencia: Relaciones, riesgos y oportunidades” en el que se evalúan los hábitos de uso y las prácticos de riesgo, así como las percepciones y opiniones de estos/as jóvenes con respecto a su relación con las Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación (TRIC), entre las que se incluyen Internet y las Redes Sociales (RRSS), para así promover su “uso saludable” mediante un enfoque de prevención comunitaria.  

El estudio tiene como objetivo principal realizar un diagnóstico sobre el uso de las TRIC que realizan los adolescentes españoles, profundizando en las conductas de riesgo y en los usos perjudiciales o susceptibles de provocar adicciones, del que se derivan cinco objetivos de carácter más específico entre los que se encuentran: 1) descripción de los hábitos de uso y prácticas de riesgo, 2) análisis de las motivaciones y creencias relacionadas con el uso de las TRIC, 3) análisis de la supervisión y control parental, 4) estimación de las tasas de adicción y uso problemático y 5) evaluación del posible impacto emocional derivado de un uso inadecuado de las TRIC.

Para poder dar respuesta a estos objetivos los investigadores realizaron una encuesta entre 41.509 adolescentes españoles/as de ambos sexos que se encontraban cursando estudios de Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) en centros públicos, privados o concertados del territorio nacional con una edad comprendida entre los 11 y los 18 años. A los/as estudiantes se les administró entre noviembre de 2020 y marzo de 2021 un cuestionario online que había sido confeccionado ad hoc, que incluía tanto preguntas de elaboración propia como escalas validadas internacionalmente para la evaluación de posibles adicciones o usos problemáticos de las TRIC.

Los resultados del estudio estiman en un 33,6% la tasa de victimización de acoso escolar, y en un 22,5% de ciberacoso. Estas cifras son algo mayores entre las chicas y en la primera etapa de ESO. En este sentido se observan diferencias de género: las chicas presentan mayores porcentajes de víctimas, mientras que los chicos, de agresores y de víctimas-agresoras. Las tasas de victimización se duplican entre los que se definen con una orientación sexual no heterosexual. En cuanto al solapamiento entre víctimas y agresores, aproximadamente la mitad de los adolescentes que sufren acoso escolar o ciberacoso también lo ejercen. El 72,9% de las/os adolescentes que sufren acoso online también lo sufren offline, lo cual demuestra que el acoso escolar y el ciberacoso son problemas que deben tratarse de forma conjunta.

Los/as adolescentes que declaran sufrir o haber sufrido acoso señalan que les ha afectado fundamentalmente a su autoestima, a las ganas de ir al instituto y a su estado de ánimo. En cuanto al posible impacto emocional del acoso y el ciberacoso, la pauta de resultados es casi idéntica entre sí: los niveles de bienestar emocional, integración social y satisfacción con la vida son sensiblemente menores entre quienes sufren acoso escolar o ciberacoso, y las tasas de depresión grave llegan a multiplicarse por 5 (por 6 en el ciberacoso), si se compara con los no implicados. Por todo ello, los investigadores concluyen que la lucha contra el acoso escolar y el ciberacoso debe ser una prioridad.

Otras conclusiones del estudio muestran que los jóvenes españoles realizan un uso, en su mayoría, intensivo, de las redes sociales e Internet, invirtiendo un 31,6% más de 5 horas diarias en el uso de Internet y las redes sociales, siendo las dos redes sociales de mayor aceptación Instagram (con un 79,9% de usuarios) y TikTok (con un 75,3%). El uso de videojuegos también es una de las principales formas de ocio de los jóvenes, el cual ha demostrado tener importantes implicaciones a nivel de salud y de convivencia, ya que muchos adolescentes podrían estar haciendo un uso intensivo y sin supervisión de videojuegos no recomendados para menores, pues en muchos casos, presentan contenidos violentos o implican la utilización de dinero, lo que incrementaría el riesgo de sufrir una adicción.

Pese al aporte emocional y social positivo de las TRIC, quedan patentes una serie de riesgos derivados de su uso: se concluye que más de 70.000 estudiantes de ESO han comenzado a apostar o jugar dinero online, lo cual incrementa el riesgo de ludopatías entre los jóvenes; El 26,8% practicó alguna vez sexting pasivo y el 8%, sexting activo; 1 de cada 10 adolescentes (9,8%) ha llegado a recibir proposiciones de tipo sexual por parte de un adulto a través de la Red y el contacto con desconocidos online es habitual. En contraste con todos estos datos, destaca el escaso control y supervisión que los padres ejercen: solo el 29,1% refiere que sus progenitores les ponen normas sobre el uso de las TRIC; el 24%, que le limitan las horas de uso; y el 13,2%, los contenidos a los que acceden.

A pesar de que el uso de las TRIC supone un espacio en el que predominan las emociones positivas para los jóvenes, pues les ayuda a socializar y a divertirse, se puede afirmar la existencia de una estrecha relación entre las adicciones y usos problemáticos de las TRIC, pues quienes llevan a cabo un uso problemático de Internet (UPI), presentan significativamente menores niveles de bienestar emocional y satisfacción con la vida, además de una menor integración social, familiar y escolar. Por todo ello, pese a que el uso problemático de Internet (UPI), aun no es considerado como una adicción por la OMS, los investigadores afirman que puede convertirse en un problema de salud pública.

Autora: Gabriela García Trapero, voluntaria del proyecto durante el año 2021.


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