El suicidio sigue siendo en España la primera causa de muerte no natural desde hace más de una década. Según los datos oficiales aportados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) , en el año 2019 fallecieron en nuestro país por esta causa 3671 personas (2.771 hombres y 900 mujeres). La muerte por suicidio causa el doble de muertes que las causadas por accidentes de tráfico, once veces más que por homicidios y ochenta veces más que las causadas por violencia de género. Además, por cada persona que se suicida hay alrededor de veinte personas que lo intentan.

La pandemia, los momentos de confinamiento, de incertidumbre, el estrés generalizado, han repercutido de forma dramática en la salud mental de la población. La peor parte se la han llevado los jóvenes. Los intentos de suicidio y las autolesiones han aumentado un 250% entre los jóvenes entre 19 y 25 años, convirtiéndolo, por primera vez en la historia, en la primera causa de muerte dentro de este rango de edad.

Según la Organización Mundial de la Salud, (OMS),  el suicidio es la segunda causa de defunción entre los jóvenes entre 15 y 29 años, después del cáncer. La mortalidad por suicidio, es superior a la mortalidad total causada por guerras y homicidios. Además, la OMS nos señala que, si le damos visibilidad, si insistimos en la formación y si lo detectamos de manera temprana, podríamos reducir estos números considerablemente. Se estima que un plan estatal de prevención del suicidio podría reducir hasta en un 30% el número de suicidios anuales, 1000 personas más vivas al año, 5.000 supervivientes de suicidio menos cada año.

El suicidio es un problema de salud pública y el centro educativo tiene mucho que hacer en la prevención, en la detección, en la intervención y por supuesto en la derivación de nuestros alumnos y alumnas a los centros especializados. Para ello es necesaria una formación integral del profesorado para que sea capaz de detectar las señales de alarma. Los centros educativos deben ser lugares tranquilos, seguros, dónde el niño y el adolescente pueda desarrollarse en plenitud, crecer, aprender, jugar y divertirse y esto, lo hemos de lograr desde muchos frentes: formación y visibilidad. Siempre hay un motivo para la esperanza, siempre hay una opción para seguir adelante.

El suicidio no es una enfermedad, es una acción y como acto, se puede prevenir incrementando los factores de protección, haciendo que los alumnos se sientan queridos, respetados y escuchados dentro de los centros educativos.

«La pandemia por Covid-19 ha supuesto un punto de inflexión en la salud mental en la infancia y adolescencia. Nuestros pequeños piensan en la muerte y se autolesionan y se hace desde el silencio. Ese silencio no se da en las redes sociales, en sus relaciones virtuales donde despliegan su miedo, su desesperanza», advierte el psicólogo Luis Fernando López, codirector del proyecto  que investiga desde 2019 la influencia del entorno virtual en los jóvenes. Éste puede ser tanto un detonante que les conduzca a la muerte como convertirse en un mecanismo de ayuda y prevención. Depende de la utilización que se haga y de ahí la importancia de la formación de docentes, padres y alumnos para controlar el acceso a determinados foros y la regulación de páginas web que alientan las conductas suicidas.

Es en las redes sociales donde los adolescentes comparten sus emociones y, por ello, es importante ofrecerles apoyo a través de ese mismo medio. Al mismo tiempo es en internet donde encuentran el riesgo, ya que pueden acceder libremente a contenido sobre suicidio y autolesiones que pueden estimularle a actuar contra sí mismo.

Los amigos también constituyen uno de los factores de protección más efectivos en la prevención de la conducta suicida, de ahí la necesidad de abordar este tema de forma sensible para que los adolescentes dejen a un lado la idea de que traicionan la confianza de alguien si cuentan que se ha dañado o tiene pensamientos suicidas. Hablar de ello con el orientador o con otro adulto no es «chivarse» sino proteger a esa persona.

El Colegio de Psicología de Madrid trabaja ya en un plan de prevención de trastornos de ánimo en las aulas en línea con el Proyecto de Ley Orgánica de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia que tramita ya el Senado y que establece como obligatorios la existencia de estos protocolos contra el suicidio.

Dónde encontrar ayuda

-Teléfono de la Esperanza (717 003 717)

-Teléfono Contra el Suicidio (Asociación La Barandilla) (911 385 385)

-Teléfono de ayuda a niños y adolescentes de la Fundación ANAR (900 20 20 10).

-Teléfono contra el suicidio (024)

– Psicología sin fronteras (644720567)

– Psicólogos en acción (918261784)

Más líneas de ayuda publicadas en nuestra web: https://www.tepongounreto.org/2019/10/lineas-de-ayuda-dirigidas-a-infancia-y-adolescencia-para-denunciar-o-solicitar-ayuda-ante-el-ciberacoso-y-otros-riesgos-online/


 


Gemma Hernaiz

Psicóloga. Máster en Psicología Clínica en Intervención en la Ansiedad y el Estrés. Más de 10 años en intervención directa con colectivos vulnerables en Reino Unido y España, así como experiencia en el trabajo con adolescentes y familias.