Según is4k en el informe de 2020 de la red de investigación EU Kids Online[1] para un 70% de los adolescentes españoles el uso más importante de Internet es comunicarse con amig@s y familiares. Por su parte, el estudio conectados de Google, FAD y BBVA (2019), se afirma que el 92% de l@s adolescentes entre 14 y 16 años usan las redes sociales para sentirse integrad@s.

Esta importancia de relacionarse con familia y amigos no es diferente a la adolescencia de cualquier generación, pero ahora existe un nuevo contexto (online) donde llevarse a cabo. A día de hoy, el principal acceso a Internet que se realiza en el ámbito doméstico desde los teléfonos móviles personales. Así se refleja en el informe “Las TIC y su influencia en la socialización de adolescentes” elaborado por la FAD[2] y que refleja qué casi el 90% de los jóvenes tiene su propio teléfono móvil:

Dispositivos que se tienen y usan:

Fuente: FAD (2018): Las TIC y su influencia en la socialización adolescente.

Con respecto al uso que hacen los adolescentes de sus dispositivos y del acceso a Internet y la frecuencia en la que se realizan determinadas actividades, según la encuesta elaborada por la FAD “Las TIC y su influencia en la socialización adolescente”, se prioriza por actividades de ocio (escuchar música o visitar páginas para divertirse), mantener contacto con otras personas, buscar información o jugar online:

Tabla: Frecuencia con la que se realizan actividades en Internet:

Fuente: FAD (2018): Las TIC y su influencia en la socialización adolescente.

Está claro que hacemos un uso intensivo de Internet desde edades cada vez más tempranas. Tanto que debemos admitir que en la actualidad las TIC suponen un nuevo contexto de socialización en el que la infancia y la adolescencia crece, se relaciona con otras personas, adquieren valores, influyen y son influidos… y, en definitiva, contribuyen a configuran su personalidad (junto con el resto de contextos y agentes de socialización donde están insertos y que de forma compleja se relacionan e interactúan entre sí).

Debemos definir a los agentes de socialización como aquellas personas, grupos o instituciones que directa o indirectamente contribuyen al proceso de socialización. Y el proceso de socialización es aquel por el cual una persona aprende los elementos socioculturales del contexto social en el que se encuentra mediante la interrelación con el resto de personas. En definitiva, es el proceso por el que interiorizamos la cultura, las normas y valores del entorno o la sociedad donde nos desenvolvemos.

Los agentes de socialización tradicionales más comúnmente aceptados son:

  • La familia, como primer agente de socialización.
  • La escuela, como otro importante agente de socialización a partir de la influencia de, por un lado, el grupo de iguales y, por otro lado, los adultos de referencia como el profesorado.
  • Los medios de comunicación. Aunque no hay tanta interacción como en los casos anteriores, permite acceder a contenido cargado de cultura y valores que pueden ser interiorizados.

A estos tres importantes agentes de socialización, en la actualidad debiéramos reconocer también la importancia del uso de las TIC como un nuevo contexto de socialización, sobre todo en la infancia y la adolescencia. Algunas investigaciones proponen las TIC como mediadoras de procesos relacionados con el poder, el conflicto y la pluralidad (Erazo, 2009; Loreto, 2004; Mejía, 2010; Muñoz, 2010), y como tales, “(…) estas modifican la subjetivación en hábitos, costumbres y procesos de socialización tanto en la dimensión social como en la individual” (Arias, 2016, p. 25).

Para la infancia y la adolescencia las Redes Sociales no sólo no entrañan riesgos, sino que resultan de un enorme atractivo. Esto es así porque allí pueden sentirse protagonistas, se relacionan con otros semejantes, usan su propio lenguaje, caben muchos de sus gustos e intereses y, además, se sienten libres del control y la mediación de figuras adultas.

Por tanto, en la actualidad, las TIC no constituyen sólo un mero conjunto de herramientas, medios o canales, sino que están dentro de un entorno complejo de socialización mayor. Tal es así que hablamos de Sociedad del conocimiento, Sociedad red, Sociedad de la información… En este contexto de socialización mediada por las TIC, la comunicación digital actual cobra especial relevancia como medio en el que se producen importantes relaciones humanas, supone un canal de expresión y facilita el acceso y construcción de información y cultura.

Pero estos procesos de socialización mediados por las tecnologías se llevan a cabo en un contexto y una realidad cambiante. Así lo asegura Arancha Cejudo, citando a otros autores, al afirmar que asistimos a una revolución de las necesidades humanas. Las voces que analizaban el final del siglo XX nos hablaban de que la complejidad de la realidad social se sostiene en procesos de permanente cambio (Morin), del agotamiento del pensamiento moderno (Puiggrós), de la sociedad líquida (Bauman), del ritmo acelerado de los cambios (Senge), de un mundo en el que los estados no tienen fuerza para oponerse a los mercados (Ramonet), de los riesgos fabricados (Beck), del declive en la sociedad, el civismo y la vida política (capital social) de consecuencias negativas (Putnam) (Cejudo, en Coordinadora de ONG para el Desarrollo, 2012).

Al hablar de socialización mediada por las TIC, se tiene en cuenta el concepto de mediación entendido por Mattoni y Treré (2014), que lo define como un proceso circular que incluye y relaciona prácticas mediáticas y actividades sociales; entendiendo los medios como infraestructuras sociales, culturales, políticas y económicas imbricadas en la constitución de los sujetos políticos. Asimismo, los procesos de mediación son circulares porque se basan en prácticas que no se agotan con el uso de las tecnologías y/o con la producción de mensajes. También implica la reconfiguración de las tecnologías –la apropiación y adaptación de las tecnologías para sus propios objetivos– y la creación de significados a partir de las producciones culturales ya existentes (Lievrow, 2011). Esto se debe, en parte y entre otras cosas, a que las actuales tecnologías 2.0 han transformado el clásico esquema unidireccional de la comunicación, basado en un modelo de difusión de-uno-a-muchos de los medios convencionales, y han desarrollado otros modelos comunicativos que permiten una comunicación de muchos-a-muchos (Castells, 2011).

Ya sea por el acceso a información y contenidos culturales y/o cargados de valores, como por las posibilidades comunicativas y de construcción y mantenimiento de relaciones sociales (a través de las cuales se obtiene reconocimiento, construyen su identidad y se sienten parte de un grupo de referencia), las TIC suponen un escenario de socialización, formación y aprendizaje con gran poder en la constitución de las subjetividades infantiles y juveniles.

Sin embargo, la mayoría de l@s chic@s españoles de entre 12 y 18 años, el 76,3%, están sol@s cuando navegan por la Red[3]. Sólo un 3,8% utiliza Internet en compañía de su padre o madre[4]. Esta navegación en solitario podría reforzar la idea del protagonismo en el uso de las TIC por parte de los más jóvenes, así como contribuir al mito de que es un terreno que la juventud domina y sobre el que las familias no saben o no pueden establecer normas y límites.

Sin embargo, no creo que sea cierto que la infancia y adolescencia sepan más sobre tecnología. Creo, más bien, que hacen un uso intensivo de las TIC y, al mismo tiempo, tienen curiosidad y no hay sensación de riesgo; a diferencia de las personas adultas, que le tienen cierto miedo y respeto. Además, usando las Redes Sociales, mensajería y chats, juegos online… l@s más jóvenes se sienten a gusto porque pueden usar su lenguaje, relacionarse con sus iguales y creen estar alejados de las figuras adultas y de su control (por qué así se lo hemos dejado ver).

A diferencia de en los tradicionales contextos de socialización, en los que nos hemos preocupado de normativizar la correcta escala de valores a interiorizar, puede que con el uso de las TIC hayamos descuidado el establecimiento de objetivos educativos para hacer un uso seguro, crítico y responsable de la tecnología. Si bien es cierto que la rápida implantación y el ritmo vertiginoso con el que evolucionan las TIC no han ayudado al mundo adulto a realizar un auténtico acompañamiento educativo, también hemos podido interiorizar algunos mitos que fomentan nuestra abstención educativa en este ámbito: pensar que no podemos educarles en un ámbito en que creemos que saben más que nosotr@s, creer qué hay una edad de acceso en las que están preparad@s para usar la tecnología sin peligro (sin haber acompañado ni trabajado previamente el acceso a las TIC), pensar que podemos prohibir el uso de las TIC o evitar el acceso, regalar un móvil para tenerles controlad@s o pensar que en Internet están más seguros que en la calle (cuando un dispositivo tecnológico es una ventana al mundo), el uso de los dispositivos como un premio o para evitar berrinches…[5]

El riesgo de interiorizar este tipo de mitos es reconocer nuestra incapacidad como responsables educativos y; por otro lado, derivar nuestra responsabilidad educativa en este ámbito (¿a quién?). El uso principal de las TIC por parte de la infancia y la adolescencia se ha iniciado de forma exploratoria y desregulada. Esta falta de acompañamiento ha permitido algunas cotas de autonomía que no siempre es negativa, pero también ha fomentado una falta de concienciación para usar las herramientas tecnológicas de forma segura, crítica y responsable. Pensando que son nativ@s digitales, les hemos convertido también en huérfan@s digitales.

Debemos empezar reconociendo que nuestra responsabilidad educativa, como adultos de referencia en los contextos de socialización de la infancia y adolescencia, no debe poner el foco en capacitar tecnológicamente, sino corresponsabilizarles en una correcta escala de valores en el uso crítico y responsable de las TIC. Los contextos de socialización y las relaciones que fomenten el análisis crítico de la realidad y eduque en valores positivos como la cooperación, la solidaridad, la justicia, la empatía… ayudará, no sólo a crear conciencias críticas y responsables, sino también a hacer un uso crítico y responsable de las TIC.  Por el contrario, un entorno que fomente y valore la competitividad, la violencia, el individualismo, etc., dará como resultado una organización social y relaciones marcadas por la diferencia de poder, la falta de empatía, la violencia o la competitividad entre iguales.

Está demostrado que l@s más jóvenes adquieren gran parte de sus hábitos y actitudes por imitación. De ahí la importancia de prestar atención a los factores ambientales de socialización y la necesidad de intervenir en esas formas de relación. Como sostiene Pedro Uruñuela: En el proceso de desarrollo, de constitución de cada uno como sujeto autónomo, juegan un papel clave las relaciones con otras personas. No sólo porque muchas cosas las aprende el niño o la niña por imitación de las personas que le sirven de referentes. También porque éstas son como un espejo en el que los niños se ven reflejados, a través del cual van construyendo su propio concepto, su propia imagen, su propia estima (Uruñuela Najera, P. 2016: 23).

Durante esos procesos de relación, y reconociendo que la violencia es un problema estructural, llegamos a interiorizar la violencia como algo legítimo para conseguir determinados objetivos personales. Esto es característico de un modelo de relación de dominio-sumisión, donde destaca un desequilibrio de poder. Según Uruñuela:

…a lo largo de su socialización, los niños y niñas van asimilando e introyectando el modelo de dominio-sumisión, haciéndolo propio y viéndolo como algo normal y habitual, sin cuestionarse en ningún momento su validez. Se llega así a un tipo de relación en el que predomina la ley del más fuerte y situaciones de convivencia entre personas y grupos en las que, de manera más o menos difusa e inconsciente, está presente el abuso y la prepotencia. Una persona domina y la otra es dominada; una controla, la otra es controlada; una emplea un poder abusivo, la otra debe someterse (Uruñuela Najera, P. 2016: 84).

La adolescencia usa las TIC como una forma de hacer extensible parte de su personalidad, y mostrarla a sus semejantes buscando reforzarse a través de la interacción y el feedback recibido por sus iguales. Esa interacción online construye su Identidad Digital. Por eso, dedican pasan tiempo a construir esta identidad a través de diversos formatos como textos, imágenes o videos.

Por otro lado, otros estudios afirman que las redes sociales en la juventud influyen en el bienestar emocional. Por ejemplo, para Valkenburg y Peter (2009) la comunicación online favorece el desarrollo de las relaciones positivas en la adolescencia, fomentando la conexión social y el bienestar personal. Otra investigación más reciente, llevada a cabo por Yarosh, Bonsignore, Mc-Roberts, & Peyton (2016) señala que desde la infancia y la adolescencia se utilizan las plataformas de vídeos como un escenario para actuar, contar historias y expresar sus opiniones y características identitarias.

Por todo esto, es clave la formación de los menores en la resolución de conflictos, la resiliencia, la solidaridad y la conciencia crítica.  Si nos socializamos en un contexto individualista y violento, las TIC constituirán un factor de riesgo donde se reproducen dinámicas de exclusión y violencia. Por el contrario, si nos socializamos a través de relaciones y contextos basados en valores positivos, las TIC podrán jugar un papel importante en una convivencia positiva y el empoderamiento de la infancia y la adolescencia. El objetivo es educar en un uso seguro, crítico y responsable de las herramientas tecnológicas.


[1] Is4k (2020): ¿Cómo perciben los adolescentes europeos los riesgos y oportunidades de Internet?. Consulta 08/01/2021: www.is4k.es/blog/como-perciben-los-adolescentes-europeos-los-riesgos-y-oportunidades-de-internet

[2] Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (2018): Las TIC y su influencia en la socialización de adolescentes.

[3] Injuve (2011): Revista de juventud, nº92 (marzo).

[4] Ararteko, 2009; INJUVE 2009; INTECO, 2009

[5] En la publicación Intervención Social con menores y TICs. Un modelo integral para la prevención de riesgos profundizamos sobre éstos y otros mitos con la intención de acabar con ellos por ir en contra de nuestra capacidad educativa como adultos referentes.


Adrian Aguayo Llanos

Trabajador Social. Máster en Educación y Comunicación en la Red. Responsable de comunicación y formador en la Fundación Gestión y Participación Social. Formador y asesor en la Asociación Pedernal Educación y Tecnología. Miembro de los Movimientos de Renovación Pedagógica.