La edad para tener móvil, una pregunta trampa

Una de las cuestiones que más preocupa a las las familias es la edad de acceso a la tecnología. Cuál es la edad ideal para que nuestra hija o hijo pueda tener su propio móvil es una pregunta recurrente. Sin embargo, es una pregunta trampa, no puede ser contestada de manera simple y universal. Y por eso no podremos encontrar jamás una respuesta que satisfaga nuestras necesidades. Me temo que no hay una edad concreta a partir de la cual se presuponga un nivel de madurez suficiente para usar las TIC de forma responsable. Esto no viene determinado por el mero cumplimiento de los años, sino por la personalidad y la madurez de cada persona, aspectos que dependen, en gran parte, del acompañamiento educativo previo en el uso de las TIC.

Cuando me hacen esta pregunta, suelo responder que la edad ideal es aquella a la que antes de conceder el primer dispositivo se haya acompañado en un uso gradual seguro, ya tengamos un buen nivel de comunicación y confianza, hayamos puesto normas y límites de forma consensuada, así como hayamos hablado de ciberacoso, sexting, contenidos inadecuados, como reconocer y prevenir la violencia online… La autonomía se concede gradualmente en coherencia con el nivel de responsabilidad que se vaya adquiriendo, poco a poco y de forma planificada en un proceso educativo. Si estás viviendo el conflicto de entregar a tu hijo o hija un móvil, es también el momento de revisar este proceso y de hablar antes de estos temas antes de entregar un móvil.

Sí podemos asegurar, por otro lado, que hay un tipo de tecnología y un tipo de uso apropiado a cada edad según las necesidades propias de la psicología evolutiva. En este sentido, podría ser de dudosa legitimidad que un/a menor de 10 años tenga su propio móvil ya que no satisface a ninguna necesidad básica propia de la edad. Pero eso no significa que no pueda acceder a Internet y llevar otras prácticas no sólo seguras, sino también buenas para el desarrollo del menor, usando nuestros propios dispositivos, supervisando y acompañando, así como estableciendo las primeras normas y límites en el uso de las TIC.

Al mismo tiempo, el primer móvil, no es necesario que sea un último modelo, con todas las opciones, con conexión a Internet… Más bien al contrario, a menudo, la motivación de la infancia y la adolescencia a la hora de adquirir un móvil «inteligente» tiene más que ver con un producto de consumo que una necesidad real. Por tanto, no es necesario que tengan un móvil caro con muchas prestaciones, ni su propia línea de Internet.

Según el informe El impacto de las pantallas en la vida familiar (GAD3: 2018), el 61% de los hijos e hijas de las familias encuestadas recibieron su smartphone entre los 11 y los 12 años. Estos datos similares a otros estudios que marcan una media de disposición de móvil propio facilitado por las propias familias entre los 10 y 12 años. El principal argumento por parte de las familias según estos estudios es “tener controlado y localizado al hijo o hija”. Sin embargo, pienso que deberíamos reflexionar sobre la verdadera efectividad de tal argumento si reconocemos que el smartphone es un dispositivo de acceso a un sinfín de contenidos y amplifica enormemente las posibilidades relacionales. Más que una herramienta de control, supone una ventana al mundo con altas cotas de autonomía.

Acompañamiento y autonomía gradual

Comparto en líneas generales el proceso de acompañamiento que establece Fernando García Fernández en Internet en la vida de nuestros hijos. ¿Cómo transformar los riesgos en oportunidades?[1]:

  1. Con niños pequeños, desde que son bebés hasta que acaban la Educación Primaria, en torno a los 12 años, los padres deben acompañar a sus hijos en sus salidas al ciberespacio, de manera constante cuando son muy pequeños y de forma esporádica a medida que van cumpliendo años. Deben ser sus guías y compañeros de viaje. Deben proporcionarles buenas experiencias, divertidas y formativas, para que vayan descubriendo las infinitas posibilidades orientadas al bien que se nos ofrecen.  Además, los niños van a crecer con la sensación de que sus padres son auténticos expertos.
  2. Cuando comienzan la Educación Secundaria, debemos concederles cierta autonomía, pero siempre deben darnos razón de sus salidas al ciberespacio: dónde, cuándo, cuánto y con qué fin. La navegación sin un fin predeterminado suele acabar en naufragio. Además, si se ha cumplido la etapa anterior, saben de nuestro conocimiento del medio, por lo que sienten nuestra presencia aunque no estemos físicamente presentes, lo que siempre supone un freno a las malas acciones. Es algo similar a lo que sienten cuando se van a enfrentar a la bebida o a la droga o al sexo y son conscientes de que nosotros ya hemos pasado por esa etapa y sabemos lo que puede ocurrir y cuáles son sus efectos, porque estos temas han sido motivo de conversación familiar.
  3. Al llegar al Bachillerato, en torno a los 16 años, una vez superada la etapa educativa más complicada, si hemos cumplido las premisas anteriores, ya habrán desarrollado suficiente espíritu crítico y tendrán la suficiente experiencia para discernir el bien del mal. Habrán ganado en responsabilidad por lo que se merecen mayor libertad. En cualquier caso, ya poco más podemos hacer. ¿Pondrías un microondas en su habitación?

Desde mi experiencia con familias en el marco del proyecto Te pongo un reto: #RedesConCorazón, hemos recopilado algunos usos más comunes según diferentes edades, así como pautas generales a tener en cuenta en función de esos usos (recordando que cada familia es diferente y debemos tener en cuenta y adaptar cualquier recomendación a nuestra propia realidad y necesidades concretas):

  • Hasta los 3 años. El consejo es reducir al mínimo el acceso a las pantallas. A estas edades, el uso de las pantallas no es compatible con un correcto desarrollo cerebral y dificulta la interacción directa con los y las hijas. Aquí te hablo en profundidad porqué se debe evitar el acceso a pantallas en estas edades: Uso de dispositivos móviles en la infancia de 0 a 3 años.
  • De los 3 a 7 años. Por lo general, suelen conectarse a través de los dispositivos familiares. Principalmente, para jugar o ver vídeos. En estas edades tendremos que normativizar el uso de los dispositivos, los tiempos de conexión, los contenidos y siempre acompañando y supervisando el uso del dispositivo. También podremos buscar y facilitar juegos educativos, de estimulación, de actividades en familia… Es también momento de mejorar la comunicación y confianza en este ámbito hablando sobre los contenidos que se visualizan. Así mismo, como la infancia adquiere gran parte de sus hábitos y actitudes por imitación, tendremos que ser un buen referente en el uso de nuestros dispositivos. Pero es importante destacar que los pocos momentos que haya de exposición a pantalla NO deben estar solos, si usamos pantallas no debe ser para calmar, como un chupete, como premio o castigo, o para que nos dejen tranquilos. Siempre debe ser una actividad mediada con nuestra presencia. La OMS recomienda que a estas edades no se debe superar la hora diaria de tiempo de pantallas y, cuanto menos tiempo, mejor.
  • 7 a 10 años: Principalmente, siguen jugando con apps y viendo vídeos desde los dispositivos familiares, pero ya con temáticas en relación con sus gustos, intereses o aficiones (música, baile, juegos de construcción…). Además, empiezan a comunicarse con el mundo exterior a través de mensajes, llamadas o correo electrónico. También utilizan buscadores, por propia inquietud o por trabajos del colegio. Aquí deberemos empezar a hablar sobre temas como la privacidad, la intimidad, el respeto a los demás, la paciencia, la empatía… Se trata de seguir acompañando y supervisando, al tiempo que vamos aumentando la autonomía. Es también momento de implicarles en el establecimiento de normas y límites, así como de hablarles de riesgos como el ciberacoso, el acceso a contenido inadecuado (violencia, pornografía, noticas falsas…)…
  • A partir de los 10 años: A partir de esta edad empiezan a demandar su propio móvil y quieren tener mayor autonomía. Tendremos que conceder cierta autonomía, pero conociendo dónde, cuándo, cuánto y con qué fin se usan los dispositivos. Pero también a estas edades, es necesario reconocer que disponer de su propio móvil tampoco responde a ninguna necesidad propia de la edad. Será el momento de negociar las condiciones para el uso autónomo de dispositivos, revisando y/o elaborando las normas de forma participada, así como implicarles en las consecuencias del incumplimiento de esas normas. Es el momento ideal para hacer un contrato sobre el uso del móvil. También deberemos fomentar la comunicación y la confianza para poder hacer recomendaciones para un uso crítico y responsable, así como que nos cuenten los problemas que tengan. También a partir de estas edades las familias nos debemos proteger de la presión social por introducir de forma precipitada dispositivos digitales. La presión social no debería ser un motivo por muy difícil que sea de gestionar esta presión, porque las problemáticas derivadas de un mal uso debido a un posible acceso prematuro, no se van a socializar ni compartir con el resto.

Por su parte, desde la organización de pediatría HealthyChildren.org, comparten algunos hábitos sanos para el consumo mediático promovidos por la American Academy of Pediatrics (AAP) y que resumimos a continuación:

  • Para menores de 2 años: El consumo mediático deber ser limitado y sólo cuando un adulto está presente y viendo el contenido juntos, hablando y enseñando. Elija programación de alta calidad.
  • De 2 a 5 años de la edad: Limite el tiempo de pantalla a no más de una hora al día y en acompañamiento, encuentre otras actividades alternativas saludables, elija contenido mediático interactivo, sin violencia, educativo y prosocial.
  • No se sienta presionado a usar pronto la tecnología. La interconexión con los medios de comunicación es intuitiva y puede ayudar a los niños aprender rápidamente.
  • Controle el consumo mediático. Conozca qué aplicaciones usan o descargan. Evalúe las aplicaciones antes que las utilicen, jueguen juntos y pregúntele qué piensa él o ella sobre la aplicación.
  • Apague la televisión y otros dispositivos cuando no los esté usando. Los ruidos de fondo de los aparatos pueden interferir con la interacción familiar, el desarrollo del lenguaje, así como su desarrollo socioemocional.
  • Mantenga los dormitorios, la hora de comer y del juego familiar libres y desconectados de las pantallas. Apague los teléfonos o póngalos en «no molestar» en esos momentos.
  • Evite la exposición a dispositivos o pantallas una hora antes de acostarse y saque los dispositivos de las habitaciones antes de dormir.
  • Evite el uso de medios de comunicación como la única forma de calmar. Puede interferir con el desarrollo de habilidades para ajustarse a situaciones y controlar sus emociones.
  • Establezca un plan de consumo mediático para usted y su familia.  
  • Anime a su escuela y comunidad a que aboguen/intercedan por mejores programas mediáticos y por hábitos más sanos.

María Zabala, madre y autora del blog sobre familia y tecnología iWomanish, también comparte algunas ideas prácticas para gestionar el tiempo de pantallas de la infancia. Resumimos algunas de sus aportaciones:

  • Hasta los 7 años: Aunque es tentador ponerles la tablet delante para que coman, o dejarles el móvil cuando estamos en un restaurante, intentar reducir esos momentos. Si les vamos a dejar ver videos o jugar con alguna app, esperemos a que lo pidan varias veces. A esta edad, es probable que se entretengan igual con un trozo de pan, un plátano, un juguete o una servilleta, así que vuelve a llenar tu bolso de cosas varias y resiste la tentación. A esta edad, la prioridad sigue siendo el juego no conectado y, si incorporamos pantallas, que sea con juegos y apps de calidad, ofrecidos al niño en el contexto adecuado, a ser posible con nosotros, para que entiendan lo que están viendo o haciendo. Plantea tus propias normas y trata de cumplirlas, teniendo claro cuándo permitir pantallas, por qué y para qué. Si además les repites cuándo les dejas, por qué y para qué, será más fácil interiorizar esas normas.
  • De 7 a 11 años: Seguir con las normas, pero implicándoles de forma activa. Puedes hacer un cartel familiar con esas normas. Invitarles a utilizar las pantallas no sólo para mirar sino también para hacer. Hay apps y recursos varios para aprender a programar o plicaciones que acompañan en el aprendizaje. A partir de los 8, puedes ir incorporándoles al “mundo del mensaje”, de forma controlada y en familia.

Por último, a la hora de acompañar a nuestras hijas e hijos, el modelo parental más recomendado en la prevención del ciberacoso y otros riesgos en Internet (además de la mediación activa), suele ser el modelo de parentalidad positiva. Este modelo implica atender sus necesidades, desarrollando acciones que favorezcan su desarrollo integral, fortaleciendo el apego, la interacción lúdica, el buen trato y la comunicación. E implica también vivir con naturalidad la exposición de nuestros hijos e hijas a los conflictos, mostrando el lado más amable de la relación entre personas, habilitando la escucha, la paciencia, la tranquilidad, la respuesta pacífica, la comprensión de quienes nos rodean y el respeto a sus opiniones ideas.


[1] GARCÍA FERNÁNDEZ, F (2010): Internet en la vida de nuestros hijos. ¿Cómo transformar los riesgos en oportunidades? Navarra: Foro Generaciones Interactivas (pags 53-54).


Adrian Aguayo Llanos

Trabajador Social. Máster en Educación y Comunicación en la Red. Responsable de comunicación y formador en la Fundación Gestión y Participación Social. Formador y asesor en la Asociación Pedernal Educación y Tecnología. Miembro de los Movimientos de Renovación Pedagógica.

Con el apoyo de: Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, financiado por la Unión Europea-Next Generation EU