Os presentamos algunos de los resultados extraídos de nuestro diagnóstico anual con el alumnado. Cuando el equipo de profesionales del proyecto TePongoUnReto: #RedesConCorazón realiza una primera intervención en un centro de Educación Secundaria, se lleva a cabo con el alumnado un cuestionario que recopila información entre los y las adolescentes sobre su uso habitual de las redes y otras herramientas de Internet, así como sobre sus conocimientos o habilidades. También se exploran los riesgos a los que se enfrentan y los posibles problemas derivados de un uso inapropiado de las Tecnologías de la Información, la Relación, la Comunicación y el Ocio (TRICO). Además, se indaga sobre las estrategias de afrontamiento que emplean los/as jóvenes ante situaciones de violencia.
Una vez realizados los cuestionarios (que el alumnado hace en un entorno supervisado y de manera anónima) el equipo elabora un informe técnico para el centro, poniendo en relación sus resultados con los datos más actualizados que se pueden encontrar en informes y estudios específicos sobre los temas tratados. El objetivo es que este informe sirva de apoyo a la hora de detectar necesidades y tendencias en el alumnado y dar una respuesta educativa adecuada.
En 2025 este diagnóstico se ha elaborado a partir de la intervención de 7 centros educativos (CEIP e IES) y en 1 entidad social (asociación cultural) de la Comunidad de Madrid, desarrollando 167 sesiones. Estas actuaciones han contado con la participación de 1.490 estudiantes de entre 12 y 18 años (786 chicos y 704 chicas). No obstante, se han completado 655 cuestionarios, dado que el diagnóstico únicamente se aplica en centros de Educación Secundaria y en cursos alternos.
Tiempo de conexión
Al consultar al alumnado sobre el tiempo que dedican al uso de redes sociales y otras herramientas digitales, se aprecian diferencias significativas entre los días laborables y los fines de semana. En estos últimos, el tiempo de conexión se incrementa notablemente, siendo la opción de “4 horas” la más señalada (19,18%), mientras que entre semana predomina la respuesta de “2 horas” (27,22%).
Durante los fines de semana, más de un tercio del alumnado afirma pasar 5 horas o más conectado a Internet (36,32%). En cambio, esta proporción se reduce considerablemente en los días laborables, situándose en un 12,02%.

Riesgos y oportunidades
El cuestionario diagnóstico también analiza la percepción del alumnado acerca de su capacidad para identificar tanto las oportunidades que ofrece Internet como los posibles riesgos asociados a su uso. En términos generales, la mayoría de las y los jóvenes se consideran suficientemente competentes en ambos aspectos: el 82,57% afirma sentirse “bastante” o “muy” capaz de reconocer las oportunidades, y el 81,80% declara la misma percepción respecto a la identificación de riesgos.
No obstante, la experiencia del equipo del proyecto muestra que ciertos peligros tienden a ser infravalorados, en gran medida debido a la normalización de determinadas conductas, como los insultos, las “bromas” de carácter dañino o la difusión de comentarios o rumores a través de las redes, así como la exposición frecuente a contenidos violentos o de carácter sexual. A lo largo de las sesiones, resulta habitual que parte del alumnado revise esta percepción inicial, ajustando su criterio y ampliando el umbral de lo que consideran situaciones perjudiciales, tanto para sí mismos como para otras personas.

En relación con las experiencias negativas vividas en Internet durante el último año (aquellas que les han generado malestar, miedo o la sensación de haber estado expuestos a contenidos inapropiados que no deberían haber visto), los resultados muestran porcentajes moderados, aunque significativos. Concretamente, el 43,36% del alumnado afirma haberse sentido molesto o incómodo, el 30,68% reconoce haberse sentido asustado y el 35,40% señala haber accedido a contenidos que considera que no debería haber visto.

En este sentido, es destacable que la mitad o más del alumnado asegura no haber experimentado nunca este tipo de situaciones negativas en Internet. Entre quienes sí las han vivido, la mayoría se encuentra en el rango de menor frecuencia: “Unas pocas veces” (36,38%, 26,03% y 25,90% respectivamente). Las categorías de mayor frecuencia (“Al menos una vez al mes”, “Al menos una vez a la semana” y “A diario o casi”) presentan porcentajes significativamente más bajos, todos por debajo del 10%.
Cuando enfrentan estas experiencias negativas, los y las adolescentes recurren principalmente a su grupo de iguales como fuente de apoyo (66,86%). En menor medida, buscan ayuda en personas adultas, desde el círculo más cercano (“Mi madre o mi padre”, 40,92%) hasta figuras más externas. Resulta especialmente llamativo lo poco que acuden al profesorado (5,28%) o a profesionales especializados en infancia y adolescencia (7,12%). Esta falta de confianza en los referentes adultos, particularmente en el ámbito educativo, puede estar relacionada con la percepción de que estos adultos no cuentan con las herramientas para ayudarles, así como con el miedo a ser juzgados o censurados por su comportamiento.

Cuando intentan afrontar estas situaciones, las estrategias más habituales son aquellas de carácter más pasivo, como bloquear a la otra persona, cerrar la ventana o aplicación, intentar que los dejen en paz, ignorar el problema o esperar a que desaparezca por sí solo. En cambio, las acciones que requieren una intervención más activa —como denunciar, borrar mensajes, modificar la configuración o tomar represalias— son mencionadas con menor frecuencia. Cabe destacar que muy pocos jóvenes contemplan como opción dejar de usar Internet, apenas un 13,05%.

En cuanto a las habilidades del alumnado entrevistado, destacan aquellas relacionadas con el consumo de contenidos, tanto para ocio como para tareas escolares. Por el contrario, las habilidades menos frecuentes se vinculan a la creación de contenidos y la participación en grupos o comunidades temáticas.

Maltrato presencial y online
El cuestionario también indaga sobre situaciones de maltrato presencial vividas durante el último año. Al agrupar las menciones de aquellas que han ocurrido al menos alguna vez, las más frecuentes, mencionadas por más de la mitad del alumnado, fueron los insultos (64,16%) y la propagación de rumores o bulos (52,91%). Resulta especialmente preocupante observar las frecuencias más altas (“Al menos una vez a la semana” o “A diario o casi”): un 18,83% sufre insultos con regularidad, un 10,39% motes desagradables y un 9,31% sufre la propagación de bulos o rumores sobre él/ella.

En el caso del maltrato online, las frecuencias disminuyen notablemente. Esta menor incidencia puede deberse, en parte, a que ciertas conductas se normalizan o no se perciben como dañinas, especialmente en entornos digitales, como ocurre con los insultos. Las situaciones más comunes fueron la creación de stickers o memes humillantes (24,58%), el envío de mensajes hirientes (con motes, amenazas, insultos) (19,21%) y la difusión de bulos o rumores (18,51%), siendo la mayoría sufridas de forma ocasional (“algunas veces”).

Al preguntarles si ellos/as han maltratado a alguien presencialmente o a través de la red en el último año, los y las adolescentes reconocen haberlo hecho más en el ámbito presencial, con la mayoría situándose en el rango “algunas veces” (31,77% presencial y 14,83% online).

Al analizar el impacto emocional tras una situación de maltrato, un 40,55% se sintió “bastante” o “muy” molesto al sufrir maltrato presencial, frente al 18,04% en el caso del maltrato online. En ambos contextos destacan los porcentajes de respuestas “No sé” o “Prefiero no contestar” (ver gráfico).

Contenidos nocivos
El alumnado también fue consultado sobre su exposición a contenidos violentos o que incitan a autolesionarse o dañar a otros. La exposición a este tipo de contenidos es notablemente alta y frecuente. Incluso en la categoría menos mencionada (“diferentes formas de suicidarse”), más del 20% indica haber visto estos contenidos. La proporción de personas expuestas a diversos contenidos nocivos aumenta progresivamente hasta alcanzar un 43,53% de jóvenes expuestos a mensajes de odio. Los porcentajes de exposición habitual (semanal o diaria) son preocupantes, dada la posible repercusión negativa sobre la población adolescente.

La exposición a contenidos sexuales o pornográficos es también frecuente, generalmente de forma pasiva o no buscada: el 60,04% los encuentra en series, películas o programas, el 36,98% los recibe como spam o publicidad, el 29,60% a través de redes sociales, el 22,95% en mensajes o conversaciones privadas sin haberlo solicitado y el 11,71% a través de contactos conocidos que los difunden. Un 17,23% reconoce haber buscado este tipo de contenidos en páginas para adultos.

Conductas de control en la pareja o en las relaciones
También se exploraron las conductas de control o coacciones por parte de la pareja. Más de uno/a de cada diez jóvenes ha sufrido en el último año este tipo de situaciones, como la revisión de conversaciones privadas en el móvil por parte de la pareja (15,06%), coacción para no contactar con determinadas personas (13,02%), enfado de la pareja por mensajes o fotos publicadas (12,83%), pedir la ubicación o fotos para controlar con quién estaban (12,23%) o presión por parte de la pareja para compartir con él/ella contraseñas de redes sociales (10,76%).

El análisis desagregado por sexo revela un claro sesgo: las chicas experimentan estas conductas con mayor frecuencia en casi todas las categorías.



Uso problemático de internet
Respecto al uso problemático de Internet, las situaciones de alta frecuencia (“al menos una vez a la semana” o “a diario o casi”) son poco habituales, con porcentajes por debajo del 10% en todos los ítems. Sin embargo, alrededor del 30% o más del alumnado ha experimentado al menos “alguna vez” experiencias como: sentirse mal por no poder usar Internet (38,47%), usar Internet, aunque no estuviera realmente interesado/a (36,30%), pasar menos tiempo del que debería con familiares o amigos por estar conectado/a (34,69%), dejar de estudiar o bajar el rendimiento escolar por estar en Internet (32,25%) o intentar sin éxito pasar menos tiempo en internet (30,65%).

Familias, profesorado y grupo de iguales
La intervención de familias y profesorado en la regulación y acompañamiento en el uso de Internet es generalmente limitada, aunque más de la mitad ha actuado alguna vez para fomentar un uso seguro o educativo de la red. En la mayoría de los ítems evaluados, el bloque de menor frecuencia (“Nunca o casi nunca”) supera en menciones al de mayor frecuencia (“A menudo o muy a menudo”), e incluso al de frecuencia media (“Algunas veces”).


El papel del grupo de iguales sigue esta misma tendencia, con predominio de menciones en los bloques de menor frecuencia, en todas las categorías.

No obstante, una de las apuestas del proyecto es fortalecer el apoyo entre iguales como motor de regulación y prevención de conductas de riesgo y acoso online. Así, como hemos comentado anteriormente, cuando viven experiencias negativas en la red, los y las jóvenes acuden principalmente a amigos/as y compañeros/as. Además, el 52,70% confía en que sus compañeros pueden hacer “bastante” o “mucho” para evitar o frenar el ciberacoso. Tras la intervención, se vuelve a repetir esta pregunta en un cuestionario de evaluación post-intervención, y este porcentaje aumenta al 77,38%, reforzando el objetivo del proyecto.

Por último, la percepción de la propia capacidad para prevenir situaciones de acoso en línea también mejora tras la intervención: quienes se sienten “bastante” o “muy” capaces de ello pasan del 51,41% antes de las sesiones al 64,06% después, mejora que, aunque modestamente, cumple el objetivo del proyecto.

